Me dirijo a visitar la ermita de San Roman de Escalante, en Cantabria. Señalizada con varios Kilómetros de anticipación (señalización pagada por todos, que como veremos más adelante, tiene su importancia). Está emplazada en un idílico prado-jardin rodeado este por un muro cerrado por una puerta. Pregunto a un paseante y me informa que pertenece a un Hotel-Restaurante situado a pocos metros. Me dirijo al Hotel y a traves de un telefonillo (ya que no se puede llegar físicamente a la recepción) transcribo literalmente la breve conversación mantenida con la recepcionista.
    --Por favor ¿podría darme la llave o acompañarme a visitar la ermita?
    --Respuesta/Pregunta: ¿son ustedes clientes del Hotel?
    --Tres segundos de silencio que los empleo en lo siguiente:
        Primer segundo: No ha contestado a mi pregunta
        Segundo segundo: ¿por que me contestan con otra pregunta?
        Tercer segundo: ¡lagarto, lagarto! tu te quedas sin ver esta ermita...
    --Respondo: no, no soy cliente
    --Pues entonces no la pueden visitar
Fin de la conversación. ¡¡¡me quedo mudo!!! y casi agradecido de que no hayan soltado los perros por merodear por allí.
Más tarde, y a traves de un paisano, me entero de que la "especialidad" de la ermita son las bodas...pregunta maliciosa: ¿en que Hotelito-Restaurante se celebrará posteriormente el banquete?...os lo he puesto facil ¿eh?.
    Soluciones que aporto:
        Primera: Quitar toda señalización de la ermita. ¿para que señalizar una propiedad privada que luego no se puede visitar?.
        Segunda: Aumentar la altura del muro a cuatro metros para que ignoremos completamente la existencia de dicho templo.
        Tercera: Celebrar vuestra boda en el susodicho Hotelito, con lo que ¡¡por fin!! tendreis un buen primer plano del interior del ábside. ¡Ah! y no colaros en ninguna boda, que os conozco...
--San Roman de Escalante (Cantabria)--